30 de junio de 2009


Con sus ojos cristalinos le pido que por favor se quedara, que no la abandone.

El le devolvió una sonrisa seca y le dijo:
“perdón, no tengo tiempo”

Soltó su mano y se fue, dejando como único rastro el perfume que su piel despedía.

Ella, entre lágrimas y un corazón roto se pregunto:

“ ¿a donde es que se va el tiempo que nunca nadie lo encuentra?”

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