
Quiero poder alejarme de todo lo que me atormenta, dejar de sentirme dominada por mi mente, sentir que mi cuerpo y mi alma son parte de una misma cosa, volver a sentirme fuerte y no aparentar estarlo como escudo protector para no sufrir. Quiero disfrutar más y pensar menos, quiero llorar cuando me sienta triste y saber que la vida continúa, que quizás mañana será un día mejor. Quiero superar etapas y no hundirme en el primer obstáculo que se antepone en mi camino. Quiero confiar en que soy capaz de conseguir lo que me propongo y no abandonar mis metas por frustraciones. Quiero volver a sentirme “yo” y no como una intrusa dentro de un cuerpo lastimado con huellas del pasado. Quiero aceptarme como soy, con mis defectos y virtudes. Quiero aprender a controlar mis emociones y no dejar que me dominen. Quiero dejar de sentir miedo por mi misma. Quiero caer y levantarme y aprender que las heridas sanan con el tiempo. Quiero recordar sin resentimiento y dejar el pasado atrás, mirar la frente y seguir caminando. Quiero querer y sentir que querer es poder!...




Sola, algo la hacia sentir en el rincón, lejos de la luz, ajena a la claridad que alguna vez sus ojos supieron tener. Convivía con ese vacío que dejaba hueca sus entrañas y le helaba la piel, con ese inconformismo tan adictivo como la inconciencia de aquellos placeres que solo le dejaban marcas. Acariciando un pasado tan presente en cada uno de sus días. Intentaba cada noche aniquilar a ese fantasma que deambulaba por los pasillos de su mente imprimiendo sus huellas hacia el abismo. No sabia quien era o en que se había convertido porque aquella mezcla entre su alma y su cuerpo parecía haber perdido esencia. Necesitaba despertar de aquella anestesia que no la dejaba sentir lo que era vivir realmente. Todo estaba en sus manos, por eso prefería hacerse a un costado, porque jamás podría soportar la idea de ser la autora de su propio fracaso.














